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¡Feliz verano!

El verano es el mejor momento del año para hacer cambios.

Cuando llegan estas fechas, me trastorno. El ritmo baja, el calor hace que todo parezca que va más despacio. Sin embargo. yo aumento el ritmo.

Hagas lo que hagas, disfruta del verano… Y de cada día de tu vida.

¡Feliz verano!

Feliz verano. Estamos de vacaciones

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Rosa Montesa. Gestión del tiempo
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¿Por dónde empezar?

¡Yo no sé por dónde empezar! ¿Y tú?

¿Te ha pasado esto alguna  vez?

A veces no te sientes dueño de tu propio tiempo. En ocasiones te dejas llevar por las vacaciones, las fiestas, y hasta incluso por la salud. En otras, tu tiempo pasa a tener otros propietarios.

Llevo ya unas semanas así, me dejo llevar por la corriente, al final  me quedo con unas pocas migajas de mi tiempo. No lo entiendo, al final, yo soy la dueña de mi propio tiempo, debería quedarme con lo mejor. Pues no, lo hago fatal, para mí quedan los restos…

¡Cómo envidio a esos expertos que dan lecciones sobre este tema! Me gustaría saber cómo lo hacen, cómo superan los imprevistos y la salud.

Hoy es un domingo de enero por la tarde, estoy programando la semana. Prometo hacer caso de los consejos. Ya veremos si soy capaz de cumplir con todo.

Si estás leyendo esto, te deseo:

¡Feliz semana!

¡Que el trabajo te sea propicio!

¡Que cierres el trimestre, el año y todas esas lindeces!

Y más que nada, te deseo ¡Que la salud te acompañe!

Rosa Montesa. El tiempo, el trabajo y la organización

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Jardín vertical con latas de cocacola- Reciclado Creativo. Rosa Montesa
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¿Diseñar para crear vida?

¡Otro reto más!

Quiero compartir mis reflexiones sobre el ejercicio de clase de @design101, tiene que ver bastante con las cosas que aprendo y que pasan a formar parte de mi vida. Como este blog. Antes de hacernos tan enorme propuesta, los profesores dijeron: “Sabemos que cada vez que los humanos han tratado de convertirse en dioses, los resultados han sido catastróficos . Nosotros somos más razonables.”

Jardinería reciclando botellas de plástico. Rosa Montesa

“Descanse en paz”

Durante una semana , la propuesta era diseñar para crear vida. De entrada puede parecer que se trata de cosa de dioses. Pero no lo es, se trata de un objetivo más razonable: crear un pequeño jardín. Bueno, muy razonable para ellos. No para mí. ¡Soy un desastre! Las plantas que siguen vivas en mi entorno lo hacen de puro milagro. Un desafío que ellos llaman “nice”, es decir, bonito, y para mí un reto enorme. Si soy incapaz de crear vida, o de mantener la vida “orgánica”, mejor crear un jardín que pueda crecer de forma “inorgánica”.  Yo tenía mis propias premisas:

  • Reciclar y reutilizar materiales (forma parte de mi entrenamiento personal)
  • Las plantas deberán resistir mis pocos cuidados
  • Personalizar cada pequeña planta, y cuidarla como si fuera un gran jardín. De ese modo intentaré hacerlo mejor que en ocasiones anteriores.
  • Lo importante no es que crezcan orgánicamente, sino también gracias a las aportaciones posteriores tanto de materiales como de personas.

Con todo esto claro, ya podía empezar a pensar y a adelantar puntos: reciclar y utilizar botes de bebidas refrescantes personalizados, el tipo de planta Jardín Vertical con latas de cocacola @design1o1. Rosa Montesa. Reciclado Creativo.sería cactus (soy consciente de que otras plantas no serán tan longevas, aunque haya algunas), que crezca con el tiempo inorgánicamente (queda espacio, cadenas y cactús). Mira la foto, si te has visto personalizado en alguna de las plantas, te hago unas preguntas:  ¿vendrás a regar tu planta? ¿me ayudarás a mantener la vida?, ¿Quieres que crezca contigo? Y si no estás todavía, ¿a qué esperas para traer tu recipiente?

A continuación, estas son las reflexiones del ejercicio: Nos dieron unos pasos a seguir, cada día uno diferente. El primer paso era planear el pequeño jardín. Investigar, documentar, tomar decisiones y hacer una lista. Debido a mis anteriores fracasos con la jardinería, tenía alguna decisión tomada. Mi anterior jardín vertical duró un par de meses. Esta vez el jardín tendrá que crecer de otro modo. La vida no tendrá que ser solamente orgánica. El segundo paso: encontrar y preparar todos los materiales. El siguiente paso sería prototipar el jardín. Al día siguiente, contruirlo. Y el sábado comprobar que todo funciona bien. Y el domingo, “como Dios”: plantar las semillas, relajarse y disfrutar.

Las cosas aprendidas durante la semana en la que realicé el ejercicio son varias.

  • En primer lugar, organizarme (o ser organizada por los profesores ) . Entrar en mi propio proceso de documentación personal.
  • Hacer listados con las cosas de las que dispongo, las que voy a necesitar, lo que me falta.
  • Encontrar nuevas soluciones para resolver problemas.
  • Establecer un patrón generativo para mis procesos de diseño.
  • El diseño está muy relacionado con la configuración de las reglas para crear los propios diseños
  • La creación de un prototipo, tener una idea y transformarla en una historia real y tangible. Esa idea hay que pasarla al plano de lo que se puede tocar, usando materiales, objetos y cosas “de verdad”.

Al llegar al punto de estar satisfecha con mi prototipo, haber entendido todas las cosas que funcionan (y las que no) y sentirme segura con mi proyecto, entonces es el momento para seguir adelante y comenzar a construir. “Una sola planta debe ser como un pequeño jardín cuando se trata como una planta real. Un gran jardín, es similar a una planta cuando se trata como un jardín de verdad”. .

Jardín Vertical Cocacola  Rosa Jardín Vertical con latas de cocacola - Reciclado Creativo. Rosa Montesa Jardín Vertical con latas de cocacola - Reciclado Creativo. Rosa Montesa Jardín Vertical con latas de cocacola - Reciclado Creativo. Rosa Montesa

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Se me olvidó la respuesta a la pregunta ¿qué quieres ser de mayor?

Se me había olvidado la respuesta a la pregunta “¿Qué quieres ser de mayor?.

Durante los últimos 20 años de mi vida, una parte de mí ha estado maravillosamente anestesiada.

No me arrepiento de ello, en mi época de estudiante conocí a Rubén, y como sucede en los cuentos, me enamoré, comencé una vida con él, encontré un trabajo que me encantaba y disfrutaba (pero que no tenía nada que ver con lo que quería ser de mayor), la vida me sonreía y, mientras tanto, la familia iba creciendo. Amor, trabajo, hijos, familia… ¿qué más podía pedir? Una maravillosa y feliz etapa de mi vida iba pasando, y sin darme cuenta, unas nuevas pasiones se encendían, y otras se iban apagando.
Rosa Montesa, último día como trabajadora de Alitalia

Cuando aquél trabajo que tanto disfruté se acabó, fue como un frenazo en seco. Me quedé como “fuera de juego”, podría decirse que estaba perdida. Hay momentos en la vida en los que, de repente, todo se altera. Este fue uno de esos.  En situaciones como esta sería razonable entrar en una profunda depresión. El declive físico, unido a que los que más quieres ya no te necesitan del mismo modo, aderezado con el hecho de quedarse sin trabajo, puede convertirse una bomba de relojería. No puedo ni imaginarme el infierno por el que deben pasar algunas personas que al llegar a una situación similar, además, se quedan sin casa, sin familia, sin recursos… Soy afortunada, este frenazo no fue tan duro para mi.

En esas ocasiones es cuando uno se pregunta: ¿y ahora qué?.

En aquellos momentos me planteé varias alternativas:

  • Convertirme en mamá, amante esposa  y ama de casa a tiempo completo.  Esto no es una opción, es la realidad, pero una dedicación exclusiva  puede costar muy cara en términos económicos, de salud mental y en mi propia felicidad
  • Estudiar algo nuevo, buscar alternativas para volver a insertarme en el mundo laboral. Es decir, prepararme para “buscar un empleo”. Pésima opción, el trabajo entendido como “puesto de trabajo” ya casi no existe. Y a mi edad, menos todavía. Lo más probable es que al acabar esos estudios me encontrase en el mismo punto de partida, con unos conocimientos teóricos,  sin experiencia y sin posibilidades de aplicar lo aprendido.
  • Estudiar y prepararme para “montarme” un negocio, utilizar el tiempo en hacer Planes de Negocio hipotéticos, sin saber si saldrán bien o mal. Muchos lo llaman emprender, en mi caso, y tomando las palabras de Javier Megias, se trataría de “autoempleo”, Esta opción, por sí sola, tampoco era la mejor.
  • Ponerme en marcha con un autoempleo, no parar el ritmo y seguir en constante movimiento, estudiar, aprender “haciendo”,  generar contactos, aprender de los que sí están “en marcha”, intentar llevar el paso de ellos, experimentar y equivocarme. De ese modo llegar a descubrir aquello en lo que podría ser especial y desarrollarlo.

Estaba claro, en aquél momento tomé la opción  de ponerme en marcha, aprender, fallar y descubrir. Mi “autoempleo” se llama CoworkingValencia.  Gracias a él, puedo decir que:

  • Sigo pedaleando, estoy en constante movimiento.
  • Aprendo haciendo cosas y trabajando
  • Mi red de contactos crece, muchas de las personas que pasan por CoworkingValencia son extremadamente enriquecedoras. Nunca me cruzaría con ellos si me quedase en casa lamentándome de la situación.
  • Experimento y me equivoco en un mundo real.
  • Me ha permitido conocer y explorar proyectos geniales en primera persona.
  • Sigo estudiando y aprendiendo. Hace algún tiempo no podría haber imaginado que las mejores escuelas y universidades del mundo estuvieran en la pantalla de mi ordenador.
  • La escalabilidad económica del negocio no la tengo clara, pero la escalabilidad personal está más que demostrada.

Ha sido necesario dedicar mucho tiempo, mucho esfuerzo, experimentar y equivocarme. Entonces, en esos momentos de fracaso vuelves a encontrarte en otra de esas ocasiones en las que la vida te pide que pares y reflexiones. Hacía años que no hacía el camino hacia atrás. Es como cuando pierdes las llaves, comienzas a pensar en lo que hiciste la última vez que las tuviste en las manos.  Entonces volvieron a salir a flote preguntas que no me había hecho desde hacía muchos años:

  • Dame la mano, llegaremos juntosCuando era pequeña, ¿qué quería ser de mayor?
  • ¿Cuáles son mis habilidades?
  • ¿Qué es eso en lo que los demás me reconocen?. Eso en lo que dicen que soy buena.
  • ¿Qué me gustaría hacer?
  • ¿Qué me hace sentir bien?

¡Qué tonta!

Lo había tenido delante de mí toda la vida. Además, Mr. YouTube, involuntariamente, me dio un toque de atención. En esos momentos, vi los resultados de una pequeña acción.  En menos de un año, sin hacer prácticamente nada, muchas personas se habían interesado en algo que había hecho con mis manos ¡y yo sin enterarme!

Comencé a buscar las respuestas a estas preguntas, a comentarlas en voz alta, a compartirlas con los míos. Recuerdo cuando le conté a mi madre lo que había sucedido con aquella tontería que había grabado,  y lo que pretendía hacer. Cuando le dije:

“Mamá, me he propuesto hacer algo que me hace sentirme bien: crear objetos, dar a conocer al resto del mundo que soy buena en eso, quiero demostrarme que puedo ganarme la vida haciendo algo que me gusta. Voy a intentar darme esa oportunidad a mí misma”

Me impresionó que una mujer de 85 años comprendiera todo lo que le decía, lo que pensaba hacer, mis planes y mis objetivos…. Y lo más importante fue su respuesta:

caminando con mi madre“Nena, pero si tu estudiaste para hacer estas cosas, lo has hecho desde siempre, no has parado jamás de hacerlo, ¿te costará mucho dinero?”

Me quedé patidifusa, ella sabe mejor que nadie cuáles son mis habilidades, y lo que puedo ser capaz de hacer. Tal vez haya heredado de ella esa capacidad de crear y hacer objetos, o mejor dicho, hacer cosas nuevas con lo que otros no serían capaces de hacer nada. A su edad no para de pintar, coser y atreverse con cualquier reto creativo que le propongan. Mi respuesta fue:

“Hace muchos años que he estado alejada del diseño, hay personas mucho más preparadas que yo, tendré que ponerme al día y estudiar. En cuanto al dinero, si las horas se traducen en dinero, me costará mucho. Es una inversión a largo plazo, y si las cosas no salen como están previstas, me estaré preparando para llegar a tu edad haciendo las mismas cosas que haces tú, al fin y al cabo soy como un “clon” tuyo, de mayor quisiera ser como tú” 

Entonces ella contestó:

“Pues adelante,  no sé a qué estás esperando”

Dicho y hecho. Bueno, no tan rápido. Como dice ella, yo nací “diezmesina”. Me cuesta comenzar, pero cuando lo hago, las cosas ya están bastante maduras.

La decisión la tomé y la compartí de un modo vago hace unos 3 meses, los pocos que me siguen igual recuerdan el post: Yo soy yo… y mis manos. Tan pronto como las obligaciones de mi “autoempleo” me dejasen tranquila, me iba a dedicar a poner en marcha esta ilusión. Me impuse una agenda, y durante el verano disfruté de unas vacaciones muy especiales,

Sigo siendo lenta, este post debería haberlo escrito hace casi un mes.

En breve publicaré el próximo post  y prometo contar más de mi proyecto, de mis objetivos y de los planes que tengo previstos.

No sabes lo que me encantará tener tu opinión, contar con tus ideas, saber lo que harías en mi lugar.

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Yo me apunto a aprender. rosa montesa
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¿Qué aprenderías si supieras …?

¿Qué aprenderías si supieras que te vas a divertir?

¿Qué aprenderías si supieras que va a mejorar tu vida?

¿Qué aprenderías si supieras que vas a morir mañana?

Mi respuesta es:

“Lo aprendería TODO”

Muchas veces aprendemos, o hacemos cosas, imaginando cuál será el resultado, pero al final no es el esperado. Las cosas importantes las aprendemos casi sin darnos cuenta.

Aprender es una de las cosas más maravillosas que se puede hacer en la vida, vale, admito también como muy importantes el amor y el sexo!!!. Aunque hay diferencias, el amor puede cambiar y evolucionar con el tiempo, hasta puede deteriorarse, y el sexo es flor de un momento. Sin embargo, aprender se queda en nuestra piel, nos impregnamos de conocimientos nuevos, pasa a ser parte de nosotros, nos hace mejores. Incluso aquellas cosas que creemos que no nos han servido para nada, nos han servido para saber que no hemos de seguir por ese camino.

Es razonable pensar en la finalidad del uso de nuestro tiempo.  Invertimos tiempo y dinero, por lo tanto,  esperamos resultados. Nos ha tocado vivir en esta absurda sociedad en la que se invierte… para conseguir éxito, dinero o trabajo… ¡Qué pena! Invertir tiempo y esfuerzo no debería ser directamente proporcional con el dinero que se gana, sino con lo que ganamos nosotros mismos como personas, y lo que ello puede significar en nuestra vida.

Las cosas que he aprendido en mi vida, sin un objetivo económico, son las que “más resultado” me han dado. Me mueven las emociones, en ocasiones no soy demasiado racional y las cosas me salen como me salen. Por ejemplo, a mis 20 años me fui a Inglaterra una larga temporada, necesitaba aprender inglés, pensaba que sería necesario para encontrar trabajo. Después de aquél año, estuve en Italia un par de meses, hablaba en inglés para comunicarme con los amigos italianos, decidí que eso no podía ser así. A mi vuelta a España, comencé a aprender italiano, por el simple placer de aprender una lengua, conocer mejor una cultura única, y entenderme con mis amigos. Al cabo del tiempo, esa decisión me ha dado más trabajo que cualquier otra cosa que haya podido estudiar. Más de 20 años en contacto con el país, la cultura y el idioma ¡Y no como intérprete o traductora!. Aunque en mi lugar de trabajo actual ya no necesite hablar italiano, me sigue aportando muchísmas cosas maravillosas.

Durante los últimos 3 años no paro de aprender cosas nuevas. La forma de hacerlo está cambiando, hay tanta información, tantos cursos, tantas charlas, tantas posibilidades de conocer compañeros de aprendizaje en la otra parte del mundo. No paro de aprender de las personas que se van cruzando por mi vida y por mi lugar de trabajo.

Muchas veces no sé para lo que sirve lo que aprendo, pero sí sé que lo que aprendo sirve para mucho.

También puedo decir que empaparme de los conocimientos y de las experiencias de los demás, sirve para mucho.

¿Qué aprenderías si supieras todo esto?

Yo me apunto a aprender. rosa montesa

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Triste y decepcionada, Rosa Montesa
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A veces duele tirar la toalla, pero es lo más sensato

Cuando un proyecto no llega a término, o mejor dicho, cuando dos proyectos no llegan a término, debes saber reconocer que es mejor tirar la toalla.

Hace un año, por estas fechas, estaba pletórica.  Tenía un proyecto nuevo, la ilusión era desbordante. Me sentía como una niña con zapatos nuevos. Hoy estoy decepcionada y triste.

Era un proyecto que podía llevar junto con mi trabajo en CoworkingValencia. Se trataba de una plataforma online para compartir conocimientos.

Allá por el mes de abril, un conocido me contó el proyecto que tenía entre manos. Me encantó desde el primer momento. Me pareció genial. Pensaba en cuánto me hubiera gustado participar en algo así. Deseaba trabajar en la ilusión de conseguir que se convirtiera en un éxito.  Un mes después, me llamó por teléfono y me preguntó; “¿te interesaría formar parte de este proyecto?”, todavía me estremezco al recordarlo. No me lo podía creer. Era como estar soñando. Nunca podré agradecerle la inyección de optimismo, ilusión y confianza que me dió. De ser un conocido, pasó a ser mi socio.

Hemos trabajado muy duro,  sigo convencida de que bien desarrollado, nuestro proyecto puede ser brillante, pero he tirado la toalla, jamás llegaré a cumplir los objetivos previstos. La plataforma está avanzada, pero no creo en el proyecto tal y como está en estos momentos.  Mi socio es el programador, y tenía razones contundentes para decir que ya no invertiría ni un minuto más en programar si yo no conseguía usuarios.  He sido incapaz de generar visitas y usuarios, y no lo conseguiré..Por lo tanto, hace un par de semanas tomé una decisión dolorosa: dejar el proyecto.

Los últimos meses fueron angustiosos.  Lo que comenzó siendo un sueño, se había convertido en una pesadilla.  Un año de esfuerzos, y de ilusiones, tirados por la borda.  Me he sentido (y me siento) culpable de no tener fuerzas ni recursos para continuar. Además, he abandonado en la cuneta a una persona que había confiado en mí.

Después de todo, se puede decir que no es tan grave. No hemos perdido dinero. La inversión en tiempo ha sido enorme. Si valoro en euros las horas dedicadas por ambos, sería bastante dinero. Si le doy el valor real a ese tiempo, reconozco que me voy con una mochila llena de conocimientos adquiridos, de experiencias, y de muy buenos recuerdos. Dejo la ilusión en el cofre del tesoro. Me siento fatal por mi socio, y aunque diga que lo entiende, no aligera mi pena. Es un gran tipo, ha soportado estoicamente mis malos momentos durante nuestra aventura, ha sabido mantener el barco a flote, ha capitaneado bien la nave, ha trabajado muy duro. No se merece haber tenido una socia como yo. Eso me duele más que cualquier otra cosa.

Al final, me sigo sintiendo como un elefante en una cacharrería, capaz de destrozar todo lo que se encuentra por delante,  sin darse cuenta del daño que ocasiona.

¡Lo siento socio!

Socios y amigos

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Mi mano real y la que no lo es. Rosa Montesa
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Yo soy yo… y mis manos

Hace unas semanas tuve que parar el ritmo, dejé de escribir. He tomado algunas decisiones que me han hecho poner el freno, repensar y reflexionar. Qué cosas debería hacer, cómo las debería hacer. En qué soy buena, y dónde están mis debilidades.

Como decía el antipático de Risto Mejide en su blog: 

“no busques trabajo. Busca una vida de la que no quieras retirarte jamás. Y un día a día en el que nunca dejes de aprender. Intenta no venderte y estarás mucho más cerca de que alguien te compre de vez en cuando. Ah, y olvídate de la estabilidad”

“Mejor búscate entre tus habilidades. Mejor busca qué sabes hacer. Qué se te da bien. Todos tenemos alguna habilidad que nos hace especiales. Alguna singularidad. Alguna rareza. Lo difícil no es tenerla, lo difícil es encontrarla, identificarla a tiempo. Y entre esas rarezas, pregúntate cuáles podrían estar recompensadas”

Desde que me quedé sin trabajo (perdón, sin puesto de trabajo), no busco trabajo, busco alternativas para salir adelante. No dejo de aprender. He buscado entre mis habilidades, lo que sé hacer, lo que se me da bien, lo que me hace singular…. ¡¡¡SON MIS MANOS!!!. No son unas manos arregladas, de mujer que se pone los guantes para no estropearse la piel. Disfruto metiendo las manos en la tierra, tocando cuerdas y esparto, haciendo bricolaje. Si me gusta hablar, todavía más utilizar mis manos!!!

¿Tendré que hacerle caso a este tontorrón?mis muñecos (13)

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