Dumbo, como mi papá
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¡Como mi papá!

Dicen  que hoy es el día de la Madre. Todos sabemos que es una excusa para vender. Pero es una buena razón para escribir este post. Me gustaría dedicarlo a las mamás que hay en los papás. En especial, a tres grandes madres que hay en mi padre, en mi hermano y en mi marido.

Mi padre,  cuando ni se estilaba, no se perdió ni un sólo parto de sus hijos, nos cambiaba los pañales, nos daba biberones y nos acunaba. Seguro que le hubiera encantado haber podido quedarse embarazado. Sobre la madre que hay en mi hermano, veo a mis preciosas sobrinas, y noto como han aprendido por el ejemplo que han visto en él. Como padre separado, ha ejercido de papá y de mamá de un modo extraordinario.

Pero del que puedo hablar, mejor que de ningún otro, es del padre de mis hijos. Cuando mi hija era tan chiquitina que no sabía casi ni hablar, le gustaba ver la película de Dumbo. Una de las cosas más bonitas y entrañables que decía cuando veía la película era: “mira, como el papá”. Y eso era por ver como la mamá de Dumbo bañaba, acunaba y se desvivía haciendo cariñitos a su bebé.

¡El amor y la sensibilidad no entienden de sexo!

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Pasa la vida, y sigue a mi lado.

¡Parece que fue el otro día!

Rubén y Rosa, 1988

Con nosotros funcionó eso del amor a primera vista. Un flechazo, hace hoy 25 años. Él se convirtió rápidamente en el protagonista de mi vida. Ha asumido muchos papeles:  novio, apasionado amante, compañero,  pareja… y después de firmar un contrato, el de marido.

Cuando a su madre se le estaba apagando la vida, me hizo prometerle que yo cuidaría de él como lo había hecho ella. Así que heredé también un hijo.

De todos los papeles que ha ido teniendo en la historia de mi vida, el más importante, el que jamás dejará de ser, pase lo que pase, y el que ejerce con un amor desbordado, es el de padre de nuestros hijos.

Hemos vivido tantas cosas… Desde fuera, la película se puede ver muy bonita. Pero la convivencia no es tan fácil como parece. Solamente nosotros dos conocemos la verdad de nuestra historia.

Hemos pasado situaciones realmente difíciles, duras y complicadas. Han sido auténticas pruebas de amor. Pero cada superación, ha reforzado la relación más y más.  Tenemos heridas, pero parece que ya hayan cicatrizado para siempre. Ambos sabemos que somos muy afortunados teniéndonos el uno al otro, somos imperfectos, pero hemos aprendido a compensar la balanza.

Mi querida suegra sabía que pasaríamos por momentos en los que debería recordar mi promesa, y tendría que cuidar del niño de sus ojos. Cuidando del hijo, recuperé al compañero de viaje, al maravilloso amante y al padre de mis hijos.

Juntos, hemos aprendido a reírnos de las cosas cotidianas. Conozco cada poro de su cuerpo, el olor de su piel, sé lo que va a contestarme antes de que le pregunte… Hemos cuidado el uno del otro cuando hemos estado enfermos, y nos hemos entendido en los malos momentos.

Me enfado cuando no es el hombre perfecto, cuando no me entiende,  cuando no sabe escogerme el mejor regalo, cuando me dice verdades que no me gustan… Entonces desearía que fuera diferente, y más alto, y más delgado, y que fuera multimillonario… ¿Yo qué sé cuántas tonterías más? Hasta incluso, en momentos de flaqueza, hubiera querido que fuera Georges Clooney.

¡Qué tonta soy! Lo que sucede, es que no me entiende cuando no me sé explicar, soy una desagradecida con los regalos que me hace, y me dice verdades por mi bien. Es el hombre más guapo que conozco, un tipo estupendo, no es multimillonario, pero sabemos vivir con lo que tenemos. Y lo de Georges Clooney… no tiene nombre!

No compartimos todas nuestras aficiones, tenemos amigos que son sólo unos conocidos para el otro, no nos gustan los mismos libros, ni las mismas películas. Yo sé que le haría muy feliz si fuera de su equipo de fútbol, o si practicase deporte con él. Pero sabe que yo sería inmensamente infeliz. Hemos aprendido a dejarnos espacios en los que no entramos, o no cabemos.

Nuestra relación ha ido cambiando, acostumbrándose a lo que nos ha deparado la vida. Compartimos un inmenso amor, una gran pasión y unos hijos a los que queremos más que a nuestras propias vidas.

¡Y seguirá pasando la vida!

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