Dame la mano, llegaremos juntos
aprender, blog

¿Me permites que toque?

Hace solamente unos años hice un descubrimiento importantísimo sobre mí misma. Era algo que había intuido desde siempre, pero no sabía que tenía nombre, y mucho menos que es algo muy normal.

Si señores, lo reconozco, soy kinestésica

¿Qué pasa?

Yo aprendo y entiendo mejor por el tacto.

Manos de Ruben y Rosa - reciclado creativo-the reuse factory (2)

Lo tengo asumido, la sociedad me ha obligado a reprimirme. En el fondo de mí hay una maleducada que lo tocaría todo, y sin pedir permiso.

Siempre he envidiado a los listos de clase que se aprenden un texto de memoria, y luego son capaces de escribirlo o recitarlo al pie de la letra. Toda la vida he aprendido mejor cuando tocaba las cosas, forma parte de mi modo de comprender mejor. Nadie me ha enseñado a utilizar este sentido para aprender, es algo innato. Y jamás ha habido nadie que haya sido capaz de enseñarme un código para expresarme con mis propias manos.

Salvo que seas sordo, nadie entiende que necesites un código o idioma para comunicarte. Y salvo que seas ciego, nadie te permite que le toques un solo pelo de la cabeza.

A los adultos no se nos permite tocar, y mucho menos aprender y comprender tocando. Tocar y palpar está reservado para otro tipo de experiencias, todos reconocen que en privado disfrutan tocando, acariciando  y expresándose de otro modo. Presumen de ser auténticos cracks en la intimidad, pero si te atreves a tocarles la tela de la chaqueta que llevan puesta, se sienten amenazados por unas manos curiosas que solamente pretenden saber si la tela es tan suave como parece a simple vista.

mar melena

No digamos nada si se te ocurre acariciar la preciosa melena de una mujer. Pero si lo haces con su perro o con su gato, no resulta extraño. Reconozco que entre las dos opciones, me quedo con la primera, pero solamente me atrevo a hacerlo con la melena de mi hija. Desgraciadamente, ella empieza a ser una adulta y dice que soy una tocona.

Algunos podrían creer que eso de tocar podría ser sexo. Desde mi punto de vista,  los que piensan así deben ser kinestésicos reprimidos, que disfrutan tanto del placer de tocar, que creen que debe ser un pecado mortal.

No es necesario llegar al éxtasis para disfrutar de las pequeñas cosas que nos permite el sentido del tacto. Nadie en su sano juicio pensaría que es necesario explotar de placer para disfrutar de los sentidos de la vista o del oído. Puedes sentir el placer de la música sin llegar al orgasmo. Puedes sentarte en un museo, delante de una obra de arte y gozar, sin llegar a pegar gritos y gemidos de gusto. Aunque en ambos casos, se pueda llegar al éxtasis.

Yo me atrevo a decir que hay un modo de aprender, de comunicar y de disfrutar tocando, oliendo y saboreando, se trata de experiencias físicas y de contacto tan placenteras, que algunos las confunden con algo pecaminoso. Son placeres que deberíamos aprender a disfrutar de un modo menos remilgado y más natural.

Si hay personas que pueden ver con sus manos, y saben leer con las yemas de sus dedos. Y otras que pueden escuchar a los demás con los gestos de las manos. Yo también debería ser capaz de hablar con las mías, utilizando un código diferente. Para eso tengo que seguir aprendiendo, no fui educada para ello.

Mientras tanto, tendré que conformarme con mi canal de YouTube para contar algunas de las cosas que soy capaz de hacer.

Lo de escribir y hablar lo tendré que dejar para los afortunados seres visuales y auditivos, a quienes nuestro estupendo sistema educativo les ha tenido en cuenta desde bien pequeños para que aprendieran, comprendieran y se comunicasen con el resto del mundo.

Se supone que ellos son las personas de éxito de nuestra sociedad, que sacan buenas notas en el colegio, que aprueban difíciles oposiciones, que hacen maravillosos discursos… Lamentablemente, muchos de ellos son auténticos analfabetos en otros sentidos, o tal vez no. No los conozco en la intimidad, como su verborrea es tan buena, presumen de ser expertos cuando utilizan el sentido del tacto (o del olfato). Aunque hay que tener cuidado con ellos, y dudar de su don de la palabra. Si se te ocurre tocarles un solo pelo, o darles la mano o un abrazo, se sienten gravemente amenazados por tus inocentes, y curiosas manos.

¿Y tú?

¿Eres un kinestésico como yo?

¿O eres visual o auditivo?

 

 

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